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Para la
conservación de la energía no sólo se aplica la
hermeticidad del edificio evitando cualquier tipo de
infiltración natural del aire exterior (cierre hermético
de ventanas y puertas), sino que también se ahorra mucha
energía recirculando en un elevado porcentaje el aire
interior a través de los acondicionadores de aire. De
este modo, se merma muy significativamente la entrada
del aire exterior.
Resulta evidente pues, que el hecho de ahorrar energía,
anteriormente descrito, influye claramente en la
disminución de la ventilación, lo cual, unido a otros
factores, contribuyen a enrarecer el ambiente interior.
Es realmente cierto y ha sido demostrado, que la
existencia de acumulación de contaminantes en un
edificio, es un síntoma causado por la ventilación
deficiente. En numerosos estudios realizados, se ha
comprobado que un elevado porcentaje de los que estaban
enfermos no poseían ventilación adecuada.
FACTORES CAUSANTES DEL SINDROME
FUENTES DE CONTAMINACIÓN
Existen dos posibles fuentes para la contaminación de un
edificio:
Los
primeros contribuyen más bien poco a la contaminación
del aire interior, precisamente por las características
del edificio, aunque si el sistema de filtración no es
adecuado o no está en las condiciones óptimas para su
funcionamiento, el poco aire que entra del exterior
puede contener muchas impurezas. Además, en el edificio,
como resultado de la disminución del rendimiento de los
inyectores de aire, puede crearse una presión negativa
que podría causar la absorción de los gases de escape de
los automóviles, provenientes de los garajes del mismo.
Independientemente de lo anterior, se considera que los
polucionantes que más contribuyen al empobrecimiento de
la calidad del aire interior, son los generados dentro
del propio edificio. Entre ellos se distinguen dos
tipos: los contaminantes químicos y biológicos.
CONTAMINANTES QUIMICOS
Muchos de los materiales modernos, utilizados tanto en
la construcción como en la decoración de los edificios
actuales, producen emanaciones que lentamente van
incorporándose al aire ambiental interior. Un ejemplo de
ello es el forinaldehido que se emana de los depósitos
de papel, de carácter irritante para los empleados.
Algunos tipos de máquinas de impresión a gran escala
pueden también producir ciertas cantidades de amoniaco.
Entre otros muchos ejemplos de objetos que producen
emanaciones polucionantes que enrarecen los ambientes
interiores se encuentran algunos tan comunes como:
barnices, tintas, pinturas, pegamentos, fibra de vidrio,
cortinas, moquetas, etc.
Inclusive los ambientadores, utilizados frecuentemente
para encubrir los olores desagradables y proporcionar
una falsa sensación de frescor en el ambiente, no son
otra cosa que sustancias químicas que se suman a las
muchas otras que puedan estar ya contaminando el
ambiente, y pueden, en ciertas ocasiones, agudizar aún
más la situación.
El humo del tabaco, que es quizá el que más motiva las
protestas de algunos empleados, por ser el más visible a
simple vista y por atribuirle al mismo las molestias,
irritaciones y malestares, no es sino uno más en la
larga lista de polucionantes interiores, según se ha
determinado en varios estudios realizados. En uno de
estos estudios, realizado en 203 edificios, se encontró
que sólo el 2% de ellos presentaban problemas por humo
de tabaco.
CONTAMINANTES BIOLOGICOS
Otro tipo de contaminantes de los ambientes interiores
son los biológicos, conocidos comúnmente como microbios;
éstos se encuentran frecuentemente en los sistemas de
acondicionamiento de aire, los cuales constituyen
lugares cerrados y resguardados, de difícil acceso para
su limpieza frecuente, y en los cuales existen
condiciones de humedad y temperatura que facilitan la
proliferación de muchos microorganismos que pueden
causar molestias y enfermedades. Además, estos sistemas
constituyen también un medio de distribución de los
microorganismos (tanto los que se incuban en sus
conductos, como de los que puedan provenir de un local
donde hay una persona contaminada) hacia todas las
diferentes secciones de un edificio. El orígen de este
tipo de contaminación puede ser del exterior, a través
de filtros defectuosos, pero una vez en el interior, se
reproduce constantemente dentro del propio edificio.
Las bacterias pueden ocupar los más diversos habitats.
Han sido aisladas, a través del estudio de diferentes
casos, tanto en los sistemas de aire acondicionado, como
en los ambientes interiores, especies que pueden causar
diversas enfermedades, tales como: Pseudomonas,
Flavobacterium, Streptococcus, Legionella, etc. Es tal
vez esta última, la que en más ocasiones ha llegado a
producir trastornos fatales; cabe mencionar el brote de
ésta enfermedad que tuvo lugar en una convención en un
Hotel de Filadelfia en 1976, en la cual murieron, a
consecuencia de una neumonía fatal, 34 personas, de un
total de 221 infectados.
Las especies de hongos aislados más frecuentemente en
los edificios y catalogados como más peligrosos para las
personas pertenecen al género Aspergillus (A. Niger, A.
Fumigatus) que generalmente producen infecciones
pulmonares. Han sido localizados tanto en ambientes
interiores, como en conductos de aire acondicionado.
Los protozoos constituyen otro tipo de contaminación
biológica, capaces de desarrollar colonias en el agua
para humidificación, dispersándose luego en forma de
aerosoles, y produciendo lo que se ha dado en llamar
"Fiebre del Humidificador".
Los diferentes tipos de microorganismos encontrados en
las instalaciones de calefacción, ventilación y aire
acondicionado, pueden causar dos grandes tipos de
problemas que pueden presentarse con diferente
intensidad y gradaciones:
Infecciones y reacciones alérgicas leves, que pueden
originar trastornos transitorios como irritaciones,
dolores de garganta, alergias leves, etc.
Infecciones y reacciones alérgicas graves, tal como se
mencionó en un ejemplo anterior.
En los últimos años ha venido haciéndose cada vez más
evidente la importancia del papel que juegan los
sistemas descritos, como caldo de cultivo y medio
distribuidor de microorganismos patógenos. De aquí la
importancia que reviste el buen diseño y mantenimiento
de dichos sistemas.
Un edificio que no disponga de las condiciones
ambientales adecuadas repercutirá con efectos negativos
sobre la salud de los empleados, lo cual influirá
notablemente en la productividad laboral de los mismos.
Ha sido demostrado que el nivel de abastecimiento en
edificios cuyas condiciones ambientales son deficientes,
puede alcanzar niveles muy altos.
Un estudio realizado recientemente en 100 edificios de
Madrid, Barcelona, Sevilla y Vitoria, arrojó como
resultado que tres de cada cuatro edificios examinados
están contaminados por hongos, bacterias, polvo o
emanaciones, entre otras causas. El estudio fue
encargado por la Unión Europea a Healthy Buildings
International (HBI) (Edificios Sanos Internacional),
sociedad dedicada a la identificación de problemas de
polución, que auditó los cien edificios mencionados. El
informe de la UE fue reflejado en la prensa a principios
de 1994.
Una encuesta realizada a los trabajadores de estos
lugares destaca que cerca del 80% considera que el aire
de la oficina se encuentra cargado y molesto, y un 85%
asegura que el ritmo de trabajo mejora con un aire más
limpio y fresco. El malestar físico, la irritación o la
sequedad de los ojos, la nariz y la garganta, el
enrojecimiento de la piel, la fatiga mental y las
alteraciones de la memoria son algunos de los problemas
de salud que sufren las personas afectadas por este
síndrome. El 45% de los empleados encuestados por HBI
sostuvieron que pierden, al menos, un día de trabajo al
año, debido a las molestias ocasionadas por el Síndrome
del Edificio Enfermo.
En primer lugar, son los arquitectos y responsables del
diseño del edificio, los que han de ser conscientes de
la importancia que tiene el ambiente interior, actuando
en consecuencia.
El mantenimiento del edificio es un aspecto realmente
clave, pero en muchas ocasiones la limpieza de los
conductos y filtros de los sistemas de acondicionamiento
de aire no se limpian con la frecuencia necesaria. Por
otra parte, está descrito el hecho de que una limpieza,
por profunda que sea, debe completarse con un agente
desinfectante. Sin embargo, un desinfectante de acción
temporal no es suficiente para garantizar la higiene de
conductos y locales, por el tiempo que media entre dos
limpiezas sucesivas, pues los contaminantes que
constantemente pueden penetrar o generarse, comienzan a
generar de nuevo el ciclo de reproducción y acumulación.
Es por ello que la solución más adecuada y segura
consiste en la dosificación continua de un agente de
acción amplia, como puede ser el Ozono, tanto a través
de los sistemas de acondicionamiento de aire, como en
los propios locales de trabajo o almacenamiento. Además,
como el Ozono se descompone espontáneamente en oxígeno
normal, es el único desinfectante y descontaminante que,
a su vez, no contribuye a la contaminación química del
ambiente.
Debe tenerse en cuenta que, independientemente del
sistema de ventilación que se emplee, también en los
rincones, marcos, cortinas, estanterías y otros lugares
de difícil acceso de los locales, pueden acumularse
muchos contaminantes, por lo cual, aún en el caso de
locales que no dispongan de sistema de aire
acondicionado, el Ozono instalado directamente en los
mismos, resulta de gran utilidad. |